¿Las tecnologías digitales cambian la forma de aprender y de enseñar?

  • Álvaro Marchesi entrevistó a la especialista Elena Martín sobre la influencia de las nuevas tecnologías en la educación.

“Las tecnologías no nos están sirviendo para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos”. Así comienza la conversación entre los especialistas Elena Martín y Álvaro Marchesi sobre la influencia de las nuevas tecnologías en la educación. Elena Martín es Catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Realmente cambian las tecnologías digitales la forma de aprender y de enseñar?, ¿están preparados los docentes para el cambio?, ¿cómo puede abordarse el riesgo de la brecha digital educativa a través de las nuevas tecnologías? Estas y otras preguntas surgieron durante un diálogo que mantuvieron ambos especialistas en la presentación de EDUforics durante el Seminario “Tecnología e innovación: educación para el futuro” que se celebró en Buenos Aires.

Álvaro Marchesi: ¿Nos sirven las tecnologías para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos?

Elena Martín: Los datos apuntan a que, en general, en este momento no nos están ayudando mucho. Pero no creo que sea porque no puedan llegar a hacerlo, sino porque no se ha producido un cambio en la manera de entender qué es lo que pueden aportar las tecnologías. Se han visto como algo que permite el acceso a más información y de manera más rápida, pero no se cuestiona que tiene que cambiar cualitativamente el tipo de aprendizaje y enseñanza que hacemos.

A.M: ¿Están preparados los docentes para el cambio?

E.M: Si entendemos que enseñar es ajustar la ayuda a las características de la persona, yo creo que deberíamos cambiar la posibilidad de individualizar el aprendizaje. Si tuviera tres hijos y enseñara a todos igual, alguno de ellos no aprendería. Sin embargo, esta idea tan sensata no se ha incorporado en la escuela. ¿Pueden las tecnologías ayudarnos a ajustar la ayuda? Yo creo que sí, pero eso supone cambiar el concepto del uso de las tecnologías, y ese cambio es uno que vale para las tecnologías y para el concepto de aprendizaje en general. Eso supone formar a los docentes para cuestionar qué es enseñar y qué es aprender.

A.M: ¿Pueden ayudar las tecnologías a poner en relación los distintos contextos extraescolares?

E.M: Las personas cada vez más aprendemos en más contextos y a lo largo de toda la vida. Un gran reto de la escuela es incorporar esas trayectorias de aprendizaje auténticas, no sólo simbólicas: el aprendizaje conectado y personalizado. Pero ese es un cambio muy sustancial que no se soluciona con un curso, pues supone pensar que la escuela tiene que dejar esta endogamia característica, sin renunciar a ser el único sitio donde uno puede poner el conocimiento como objeto de reflexión. Yo creo que no es contradictorio, pero hay que reconocer que hoy se aprende en mucho mas sitios.

A.M: ¿Cómo puede abordarse el riesgo de la brecha digital educativa?

E.M: A mi me parece que nos ayudaría ponernos de acuerdo y diferenciar dos brechas digitales. Una es la que se ha usado más clásicamente: la idea de tener o no acceso a la conectividad. Pero en este momento hay otra idea: lo que se aprende fuera es el nutriente de lo que se aprende dentro, y si lo de fuera es un nutriente pobre, efectivamente estaríamos cayendo en una contradicción. Por eso, hay unos aprendizajes imprescindibles que tienen que ser garantizados, contando lo de fuera y lo de dentro. Tu puedes hacer un aprendizaje de servicio y aprovechar lo de fuera, pero la intencionalidad, la planificación y la comprobación de que eso se está produciendo, solo lo puede hacerlo una institución que siga teniendo como objetivo la equidad.

A.M: ¿Cómo pueden conectarse las tecnologías y los grandes objetivos del aprendizaje, como la convivencia, el bienestar y la formación moral?

E.M: El concepto de experiencia es esencial para contestar esta pregunta. Cuando hablamos de que con las tecnologías, los niños y jóvenes tienen experiencias de aprendizaje, pareciera que es algo mucho más emocional y corporeizado que cuando decimos ‘actividades de aprendizaje en la escuela’. Yo creo que debemos intentar que en la escuela también se produzcan experiencias. Hay metodologías, como el aprendizaje por proyectos, que consiguen que al menos entiendas por qué quieres contestar una pregunta. Eso puede dar la sensación de una actividad que se convierte en experiencia personal. Ahí se superaría uno de los males de la escuela, que es el dualismo entre cognición y emoción. Es un dualismo que la escuela tiene completamente incorporado. La tecnología demuestra que se puede aprender con todo lo que es el ser humano integrado. Pero no solo depende de la tecnología; tenemos que cambiar nuestra manera de entender qué es a aprender.

Fuente: EDUforics